3. El
superhombre (Übermensch).
Nietzsche señala —tal y como vimos arriba en la crítica los valores morales— como condición para la aparición del superhombre la muerte de Dios. El superhombre que anuncia Zaratustra no es, pues, sino el nuevo hombre. Pero es, como ya hemos adelantado, fundamentalmente un tipo moral. Nietzsche no es racista ni piensa que el superhombre deba aparecer como resultado de la evolución biológica. En el Prólogo de Así habló Zaratustra se limita a anunciarlo, contraponiéndolo al «último hombre», es decir, «al hombre más despreciable, el incapaz de despreciarse a sí mismo». Pero el anuncio de Zaratustra sólo provoca la burla de la multitud: «iDanos ese último hombre, Zaratustra —gritaban—, haz de nosotros esos últimos hombres! ¡EI superhombre te lo regalamos!» (Pról., 4-5). No es, pues, algo que todos puedan entender. Y su libro es un libro «para nadie». Cómo aparecerá el superhombre es algo que Nietzsche no explica. Quizá hay que entender que lo traerá el eterno retorno, y que el superhombre es el «hombre primero», el inocente hombre primitivo que aún perdura en los presocráticos.
En cualquier caso, Nietzsche presenta al superhombre
como el fruto de «tres transformaciones: «cómo el espíritu se convierte en
camello, el camello en león, y el león, por fin, en niño». El camello se
arrodilla para cargar con el peso que le arroja el gran dragón: «¡Tú, debes!».
Pero entonces el espíritu se transforma en león que quiere conquistar su
libertad, arrojar los antiguos valores y poder decir: ¡Yo, quiero! Pero todavía
no es capaz el león de crear nuevos valores. Para eso hace falta que el espíritu
se transforme en niño:
«Decidme,
hermanos míos... ¿Qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha
podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse en niño? Inocencia
es el niño y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí
misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el
juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su
voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo. Así habló
Zaratustra». (Así hablo Zaratustra, 1 «De las tres transformaciones-)
El superhombre, por tanto, posee la inocencia de un niño, está más allá del bien y del mal, es «el primer hombre, un nuevo comienzo en el eterno retorno, posee el poder de crear valores, vive fiel a la tierra. En resumen, el superhombre no es sino la encamación de todo el mensaje de Nietzsche. No es un personaje terrible: es un niño. Traduce un fragmento de Heráclito que Nietzsche no se cansa de citar, explicita o implicitamente: «El tiempo es un niño que mueve las piezas del juego: ¡gobierno de un niñol» (Fr. 52).
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