miércoles, 29 de abril de 2020


2. El eterno retorno.

Según Nietzsche, éste es el tema clave de Zaratustra (especialmente de su Tercera parte). El tema está tomado de la mitología y de los presocráticos, pero en Nietzsche apenas si tiene sentido cosmológico. Sin embargo, en su último libro titulado La voluntad de poder intenta refutar la concepción lineal y teleológica del Universo: «Si el Universo tuviese una finalidad, ésta debería haberse alcanzado ya. Y si existiese para él un estado final, también debería haberse alcanzado». De este modo, Nietzsche afirma que no hay más mundo que éste, negando así el «transmundo» platónico y el «otro mundo» cristiano. Este es nuestro único mundo, y toda huida a otro mundo es una pérdida de la realidad. Por tanto, hay que permanecer «fieles a la tierra»;

«¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. En otro tiempo, el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con El han muerto también esos delincuentes. iAhora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de aquélla! En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra» (Así habló Zaratustra, Pról., pp. 34-35).

El «eterno retorno» adquiere, entonces, un sentido axiológico (estimativo o valorativo): es la suprema formula de la fidelidad a la tierra, del «sí» a la vida y al mundo que pronuncia la voluntad de poder. Y Zaratustra es, justamente, «el profeta del Eterno Retorno». En esta fórmula une Nietzsche simultáneamente dos afirmaciones: 1) el valor o la «inocencia» del devenir y la evolución (a favor de Heráclito y contra el platonismo); 2) el valor de la vida y la existencia (contra cualquier doctrina pesimista). El eterno retorno simboliza, en su eterno girar, que este mundo es el único mundo (una historia lineal conduce hacia «otro» mundo); además afirma que todo es bueno y justificable (puesto que todo debe repetirse). La imagen de un mundo que gira sobre sí mismo, pero que no avanza —como una peonza—, es la imagen de un alegre juego cósmico, de una canción de aceptación de sí mismo, de bendición de la existencia. Nietzsche presenta a Zaratustra como un «danzarín».





La fórmula del eterno retorno expresa, pues, el deseo de que todo sea eterno, «el amor fati [amor al destino]: el no querer que nada sea distinto, ni en el pasado, ni en el futuro, ni por toda la eternidad» (ibid., p. 54). De este modo, la filosofía de Nietzsche se convierte en una filosofía afirmativa, a pesar de aparecer, tan frecuentemente, como una filosofía que sólo sabe decir «no» (sólo dice «no» a lo que Nietzsche considera negativo y destructivo).

lunes, 27 de abril de 2020

SEGUNDA PARTE: LA PROPUESTA NIETZSCHEANA



VITALISMO: EL MENSAJE DE ZARATUSTRA

Así habló Zaratustra es la obra fundamental de Nietzsche. En ella se contiene lo esencial de su mensaje. Nietzsche sustituye a Dioniso por Zaratustra, un nuevo y más poderoso símbolo. Pero, ¿quién fue Zaratustra?

Zaratustra —o Zoroastro, para los griegos– vivió entre los años 700-630 (o 600). Fue una especie de profeta persa oriental que a los treinta años recibió su primera revelación religiosa. Su doctrina se encuentra recogida en diecisiete cantos que forman la parte más antigua del Avesta. La parte esencial del mensaje de Zaratustra es un monoteísmo que contiene un dualismo: la lucha entre los dos “Manyu”, o «espíritus», el del bien y el del mal.











Nietzsche escoge la figura de Zaratustra, ya que ve en él al posible «creador de la nueva moral», invirtiendo su significación histórica, lo que le convierte en aquel que supera la moral (antigua, vieja, judeocristiana), en el que va «más allá del bien y del mal». Sin embargo, en su afirmación de la vida y de la voluntad de vivir, en su decir «sí» al mundo, Zaratustra representa lo mismo que Dioniso. Su gran enemigo es también Sócrates, Platón y todo lo que ellos representan. Sólo que ahora Nietzsche representa a ese enemigo en la civilización «cristiana». Dioniso contra Sócrates; Zaratustra contra el «cristianismo».

Así habló Zaratustra se divide en un prólogo y cuatro partes (compuestas en poemas sin enlace aparente). El prólogo presenta la antítesis del superhombre y el «último hombre». La primera parte desarrolla el tema del superhombre y la «muerte de Dios». La segunda se centra en la «voluntad del poder-. La tercera —núcleo fundamental de la obra— expone la idea clave del «eterno retorno-. La cuarta parte, centrada en el capítulo sobre los «hombres superiores», no añade casi nada nuevo. En conjunto, la obra, llena de alegorías y escrita con un estilo que la convierte en una joya de la literatura alemana, es de difícil interpretación. Las alusiones a la Biblia —que es la gran antítesis del Zaratustra— son continuas.


1.    El concepto fundamental: la Voluntad de Poder (Wille zur Macht).

El Nietzsche siempre enfermo nos confiesa que intentó sanarse a sí mismo y que «así descubrí de nuevo la vida […] y convertí mi voluntad de salud, de vida, en mi filosofía» (Ecce Homo, p. 24). El mundo, el hombre, la vida son voluntad de poder. Pero ¿qué significa esta expresión? Nietzsche no la define claramente en ningún sitio (nunca lo hace), pero se refiere a ella con mucha frecuencia. En primer lugar, no es la «voluntad» de los psicólogos (una voluntad abstracta e indiferente). Ni tampoco coincide con la «voluntad» de Schopenhauer. Tampoco es la «voluntad de verdad» del hombre teórico (simple reflejo pasivo del mundo); o la voluntad que busca el placer y evita el dolor (el dolor no es algo negativo, según Nietzsche: actúa como estimulante de la voluntad). Ni siquiera es, simplemente, una «voluntad de vida».
Al contrario, la vida es voluntad de poder, y esta última es la voluntad de ser más, vivir más, superarse, demostrar una fuerza siempre creciente, en una palabra, es voluntad de crear: «Soy aquel —dice Zaratustra— que es impelido a superarse a sí mismo constantemente». Y, más que una «facultad» del hombre, es todo el conjunto de fuerzas y pulsiones que se dirigen «hacia» (zur) el «poder» (tal y como se ha definido). No es correcta, pues, una definición estrictamente «biologista» de esta voluntad (Nietzsche critica a Darwin), ni menos todavía una interpretación política o racista. El texto del Zaratustra que mejor expresa lo que es la voluntad de poder se titula De la superación de sí mismo:

«En todos los lugares donde encontré seres vivos, encontré voluntad de poder; e incluso en la voluntad del que sirve encontré voluntad de ser señor. [...] Y este misterio me ha confiado la vida misma. Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo. En verdad, vosotros llamáis a esto voluntad de engendrar o instinto de finalidad, de algo más alto, más lejano, más vario: pero todo esto es una única cosa y un único misterio. En verdad, yo os digo: ”¡Un bien y un mal que fuesen imperecederos no existen!”. Por sí mismos deben una y otra vez superarse a sí mismos. Y quien tiene que ser un creador en el bien y en el mal: en verdad ése tiene que ser antes un aniquilador y quebrantar valores. Por eso el mal sumo forma parte de la bondad suma: mas ésta es la bondad creadora. ¡Hay muchas cosas que construir todavía! Así habló Zaratustra». (Así habló Zaratustra, II, Alianza, pp. 169 y s.).

El preponderante interés de Nietzsche por los valores morales hace que la voluntad de poder sea, en gran medida, voluntad creadora de valores (y aniquiladora de los anteriores valores). Pero en los fragmentos póstumos, esta voluntad posee también una dimensión cósmica:

«¿Queréis saber qué es para mí "el mundo"? […..] Es un monstruo de fuerza, sin principio ni fin, una magnitud férrea y fija de fuerzas que ni crece ni disminuye, y que únicamente se transforma; un juego de fuerzas y un mar de fuerzas tempestuosas que se agitan y transforman desde toda eternidad y vuelven eternamente sobre sí mismas en un enorme retorno de los años [...] Este es mi mundo dionisíaco, que se-crea-eternamente-a-sí-mismo, y que se destruye-eternamente-a-sí-mismo, sin meta. ¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Y una solución para todos sus enigmas? ¿Queréis una luz para todos vosotros, los desconocidos, los fuertes, los impávidos, los hombres de media-noche? Este mundo es la voluntad de poder, y nada más que eso. ¡Sed vosotros también esa voluntad de poder y nada más que eso!» (La voluntad de poder, aforismo 1067; en la ed. Schlechta, |I, pp. 916-917).

Este texto sintetiza la «cosmología» de Nietzsche, de tipo vitalista y opuesta, por tanto, a la cosmología mecanicista. Introduce, además, en el segundo gran tema de su pensamiento: el eterno retorno.

jueves, 23 de abril de 2020

3. CRÍTICA A LA MORAL JUDEOCRISTIANA: MORAL DE ESCLAVOS Y MORAL DE SEÑORES


a)   Moral de señores vs moral de esclavos.

Si en su crítica a la Filosofía occidental Nietzsche no salva prácticamente nada, en su crítica al segundo gran pilar de Occidente Nietzsche se muestra despiadado. En su crítica a la moral cristiana no hay en realidad nada nuevo que no hubiera ya en la crítica a la Filosofía occidental. El cristianismo, dice Nietzsche, no es sino «platonismo para el pueblo», y adolece, por tanto, de sus mismos defectos.

En La genealogía de la moral (1887) aborda Nietzsche la crítica de la moral vigente a partir del estudio del origen de los prejuicios morales. Para ello, emplea el método genealógico, consistente en una investigación etimológica e histórica de la «evolución de los conceptos morales» (hay que recordar que Nietzsche era filólogo). La obra se divide en tres tratados. El primero Bueno y malvado, bueno y malo es el más interesante y el único que se expondrá aquí.
Nietzsche afirma que su investigación filológica en diversas lenguas le condujo al siguiente resultado: en todas las lenguas «bueno» (gut) significó primitivamente «lo noble y aristocrático», contrapuesto a «malo» (schlecht) en el sentido —no moral— de «simple, vulgar, plebeyo». Estas dos denominaciones «bueno-malo» fueron creadas, pues, por los nobles y poderosos, en la medida en que eran ellos los que tenían el poder de darse y dar nombres.

«En todas partes, "noble", "aristocrático" en el sentido estamental, es el concepto básico a partir del cual se desarrolló luego, por necesidad “bueno" en el sentido de "anímicamente noble", de "aristocrático", de "anímicamente de índole elevada", "anímicamente privilegiado": un desarrollo que marcha siempre paralelo a aquel otro que hace que “vulgar”, “plebeyo", "bajo", acaben por pasar al concepto "malo". El más elocuente ejemplo de esto último es la misma palabra alemana "malo" (schlecht), en sí es idéntica a simple (schlicht). En su origen designaba al hombre simple, vulgar, sin que al hacerlo, lanzase aun una recelosa mirada de soslayo, sino sencillamente en contraposición al noble. Aproximadamente hacia la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), es decir, bastante tarde, tal sentido se desplaza hacia el hoy usual (Genealogía. 1, 4)

Sin embargo, más tarde surge otra contraposición: la de «bueno» (gut) y «malvado (böse), ya de carácter moral. Esta nueva contraposición se enfrenta a la anterior y la desplaza. El origen histórico (ya no etimológico) de tal desplazamiento es, según Nietzsche, el siguiente: los que eran considerados malos —en el sentido de «bajos», «plebeyos»— se rebelan, se llaman a sí mismos buenos, y denominan a los «nobles» como «malvados» (böse). Esta transmutación fue realizada por los judíos y continuada por los cristianos. Es decir, los nobles pasan ahora a ser malvados, y los «buenos» son ahora los que antes eran denominados por los nobles como «malos» (plebeyos):

«Han sido los judíos los que con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber: "los miserables” son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos; los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios;   únicamente para ellos existe bienaventuranza. En cambio, vosotros…, vosotros, los nobles y violentos, vosotros sois, por toda la eternidad los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los ateos, y vosotros seréis también eternamente los desventurados, los malditos y los condenados» (Ibid, I, 7).

Así pues, la moral surge como resultado de la rebelión de los esclavos y es producto de una actitud reactiva, del resentimiento. El resentimiento creó los valores morales de Occidente y es el responsable de la aparición de una civilización enemiga de la vida y de un hombre incurablemente mediocre. En resumen, es el causante del nihilismo que amenaza a Occidente. Sin embargo, Nietzsche se atreve a esperar que si la lucha entre los conceptos «bueno-malo- y «bueno-malvado» se ha resuelto hasta ahora con la victoria del segundo par, llegará el día en que se pueda vivir más allá del bien y del mal… y, entonces, lo malvado (bóse) recobre la primitiva inocencia, y aparezca el Superhombre, un nuevo hombre moral superior.
Pero antes es necesaria una “inversión de todos los valores”






b)   La inversión de los valores (Umwertung der Werte).

La Humanidad ha valorado todo lo que se opone a la vida. La moral vigente procede de un espíritu enfermo y decadente. Hay, pues, que invertir los valores, valorar y afirmar de nuevo la vida, «Transvaloración de todos los valores, ésta es mi fórmula». Sólo en este sentido Nietzsche se llama a sí mismo «inmoralista», y afirma que hay que recuperar la inocencia primitiva y estar «más alla del bien y del mal»:

«En el fondo, dos son las negaciones que encierra en sí mi palabra “inmoralista”. Yo niego, en primer lugar, un tipo de hombre considerado hasta ahora como el tipo supremo, los buenos, los benévolos, los benéficos; yo niego, por otro lado, una especie de moral que ha alcanzado vigencia y dominio de moral en sí, la moral de la décadence, hablando de manera más tangible, la moral cristiana. Pero negar y aniquilar son condiciones del decir sí» (Ecce Homo, p. 126).

Cada vez son más las personas que han comprendido la enorme mentira del cristianismo y también son cada vez más numerosos quienes desean liberarse de él para poder desarrollar una nueva forma de vida, más libre y más plena. Nietzsche expresó esta convicción con una frase que se ha hecho célebre: «Lo que ha sucedido es que Dios ha muerto porque los seres humanos lo hemos matado».
La muerte de Dios tiene profundas repercusiones. Tras la desaparición de Dios se abre una época nihilista con una dimensión negativa de confusión desorientación y otra dimensión positiva que permite el comienzo de una etapa diferente basada en valores en nuevos.
Nietzsche señala como condición para la aparición del superhombre la muerte de Dios. Dios ha muerto (hagamos que viva el superhombre). Para Nietzsche la desaparición de Dios es necesaria, en la medida en que para él —Dios— representa la antinomia de la vida, y la negación de la inocencia del hombre. «En el concepto "Dios”, inventado como concepto antitético de la vida, en ese concepto se encuentra concentrado en horrorosa unidad todo lo nocivo, envenenador, difamador y la entera hostilidad a muerte contra la vida» (Ecce Homo, p. 131). De este modo, la «muerte de Dios», la destrucción del «cristianismo» —entendido como concentración de toda la cultura decadente— es la condición negativa de la aparición del superhombre, concepto clave en la propuesta nietzscheana.



EJERCICIOS:

8. Explica el origen de los conceptos filosóficos, según Nietzsche.
9. ¿Qué es el "perspectivismo" nietzscheano?
10. Según Nietzsche, "la moral surge como rebelión de los esclavos". Explícalo.
11.¿En qué consiste la "transvaloración" de todos los valores, propuesta por Nietzsche?
12. Explica la frase: "Dios ha muerto".

martes, 21 de abril de 2020

2. CRÍTICA A LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL


  
La filosofía occidental ha quedado corrompida —según Nietzsche— desde Sócrates y Platón. Sócrates hizo triunfar a la razón contra la vida, a Apolo sobre Dioniso; Platón, por su parte, creó otro mundo desvalorizando éste (ilusión del «mundo verdadero»), al mismo tiempo que «inventó el espíritu puro y el bien en sí». 
La muerte de Sócrates, L. David


Ahora bien, para Nietzsche, «en el filósofo nada, absolutamente nada es impersonal», y toda verdad filosófica no hace sino revelar un instinto, un temor o un deseo inconfesados. ¿Qué se esconde detrás del «idealismo» de Sócrates y de Platón (y, por tanto, en toda la metafísica occidental)? El espíritu de decadencia, el odio a la vida y al mundo, el temor al instinto:

«El fanatismo con que la reflexión griega entera se lanza a la racionalidad delata una situación apurada: se estaba en peligro, se tenía una sola elección: o bien perecer o bien ser absurdamente racionales... El moralismo de los filósofos griegos a partir de Platón tiene unos condicionamientos patológicos; y lo mismo su aprecio de la dialéctica. Razón = virtud = felicidad significa, simplemente: hay que imitar a Sócrates e implantar de manera permanente, contra los apetitos oscuros, una luz diurna —la luz diurna de la razón—. Hay que ser inteligentes, claros, lúcidos a cualquier precio; toda concesión a los instintos, a lo inconsciente, conduce hacia abajo... [...] Lo que ellos escogen como remedio, como salvación, no es, a su vez, más que una expresión de la décadence. [...] La luz diurna más deslumbrante, la racionalidad a cualquier precio, la vida lúcida, fría, previsora, consciente, sin instinto, en oposición a los instintos, todo esto era sólo una enfermedad distinta y, en modo alguno, un camino de regreso a la virtud, a la «salud», a la felicidad. Tener que combatir los instintos, ésa es la fórmula de décadence, mientras la vida asciende, la felicidad es igual a instinto». (Crepúsculo de los ídolos, El problema de Sócrates»)

Nietzsche no perdona casi nada a la filosofía occidental. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios son “momias conceptuales”; de sus manos no salió nada real.




a)    La crítica a la gnoseología occidental.

Para la cultura europea conocer consistía en alcanzar la verdadera realidad que se escondía detrás de las apariencias. Ya desde tiempos de Platón la gnoseología occidental siempre ha identificado dos planos diferentes de conocimiento. Por un lado, estaría el mundo sensible que percibimos por los sentidos; y, por otro lado, tendríamos el mundo inteligible y verdadero que sólo se puede captar mediante la razón. Mientras el mundo sensible es considerado como cambiante, confuso y engañoso, el mundo inteligible es eterno e imperecedero porque él es la auténtica realidad.
PLATÓN
Esta visión del conocimiento considera que la Razón es la que unifica y dota de significado al testimonio de los sentidos. Esto es posible mediante el uso de conceptos que permiten unificar nuestras percepciones sensoriales para hacerlas manejables y comprensibles. Es decir, según la teoría tradicional filosófica todo cuanto vemos, oímos o tocamos es procesado por nuestra racionalidad e interpretado mediante conceptos que, además, podemos combinar mediante Entendimiento (Kant). Esta manera de interpretar el conocimiento como una búsqueda de conceptos que nos permiten entender y manejar la realidad está presente en el planteamiento de todos los filósofos que conforman la historia del pensamiento de occidente.
Este enfoque es también el de la ciencia moderna que trata de expresar las leyes de la naturaleza empleando fórmulas matemáticas. El uso de los conceptos parece igualmente indispensable para nuestra vida cotidiana, al igual que para la filosofía o para la ciencia. ¿Cuál es entonces el problema que aprecia Nietzsche en esta forma de entender lo que es el conocimiento?
Desde luego Nietzsche estaba de acuerdo en reconocer que los conceptos son instrumentos útiles y eficaces para manejarnos en el mundo. El problema no está en usarlos sino en creer que sus conceptos nos abren el acceso a una dimensión superior de la realidad, más auténtica y verdadera que la que podemos percibir con los sentidos. Nietzsche negaba la existencia real de ese ámbito supremo en que residen los conceptos. Para él no hay más que un mundo que es el que podemos percibir con los sentidos. Este mundo sensible, el único que existe, en efecto es múltiple y cambiante tal y como afirmaba Heráclito en su filosofía del devenir. Pues no es la Razón sino la intuición (percepción) la que nos permite percibir de forma directa esta realidad sensible formada por individuos particulares y concretos en continua transformación. Los conceptos racionales fueron inventados precisamente para tratar de contener de alguna manera el vértigo que nos produce ese imparable y continuo cambio. Así pues, para Nietzsche occidente ha interpretado el conocimiento como una búsqueda de los conceptos que pueden expresar la esencia permanente inmutable de la realidad. Frente a esta teoría Nietzsche defiende el valor de una forma alternativa de conocimiento que no niega el devenir y que presta atención a las cosas en su individualidad singular e irrepetible.

b) El Concepto y Metáfora.

Para entender el modo en que occidente ha sobrevalorado los conceptos hace falta investigar acerca de sus orígenes. ¿Cómo nace un concepto? ¿De dónde provienen los términos que empleamos para describir el mundo que no rodea? Nietzsche creía que el origen de los conceptos está ligado al uso de la metáfora y al intento de encontrar una manera sorprendente y original para describir algún aspecto de la realidad. Esa metáfora, cuando fue propuesta por primera vez, actuó como una imagen insospechada capaz de iluminar de forma novedosa lo que estaba nombrando. Así pues, en nuestra manera de referirnos al mundo late escondida una profunda dimensión de creatividad poética. Sin embargo, si estas metáforas se emplean repetidamente, acaban por perder el brillo que tenían cuando fueron propuestas por primera vez. El término deja de sorprendernos y acabamos por olvidar que un día fue un original y sugerente metáfora. Con el uso rutinario, la metáfora fosilizada —como una moneda que ha perdido su cuño— puede acabar por convertirse en uno de estos conceptos con los que nos parece estar describiendo un ámbito de realidades inmutables y la dimensión trascendente de la realidad. Como vemos, la creencia en ese presunto espacio supremo y eterno surge más bien como consecuencia del modo en que usamos las palabras cuando nos olvidamos de su origen poético y cuando les otorgamos un valor de verdad absoluta que estaban muy lejos de tener el día en que fueron inventadas.
Resumiendo: Nietzsche Defendía que los conceptos no son más que residuos de metáforas que una vez sirvieron para referirse de manera creativa a la realidad, pero que con el uso han perdido su brillo y se han llegado confundir con términos capaces de describir la auténtica realidad.
Por ello es comprensible que Nietzsche ataque violentamente los principales conceptos metafísicos y los denuncie como engaños gramaticales o del lenguaje. El peor de todos ellos es el concepto de «ser», una ficción vacía. Igualmente rechaza los conceptos de "yo” (Descartes), "Cosa en sí” (Kant), “substancia”, “causa”, etc. En definitiva, el supremo error de la metafísica es haber admitido un «mundo verdadero» frente a un «mundo aparente», cuando sólo este último es el real. La historia de la filosofía puede ser narrada, pues, como una historia de la liberación del fantasma del «mundo verdadero».

c)    La verdad pragmática nietzscheana: el perspectivismo.

Nietzsche, finalmente, como resultado de su crítica a la gnoseología tradicional, modifica el concepto de verdad. No sólo su pensamiento es un fenomenismo (el fenómeno, o la apariencia, es todo lo que hay), sino que no admite «verdades en sí». Una verdad «en sí» —dice— es algo tan absurdo como un «sentido en sí». Una verdad es «verdadera» por su valor pragmático (pragmatismo): la «voluntad de verdad» no es sino «voluntad de poder»: es verdad lo que aumenta el poder, lo que sirve a la vida. Y contra el dogmatismo metafísico, Nietzsche defiende un perspectivismo: «no hay hechos, sino interpretaciones (Auslegungen)»; «no hay cosas en sí, sino perspectivas (Perspektiven)». La pregunta: ¿Qué es esto?, no es sino la pregunta: ¿Qué es esto para mí? Y la perspectiva es ya una valoración (hecha por la Voluntad de Poder).

«El espíritu humano no puede hacer otra cosa que verse a sí mismo en sus propias perspectivas. Nos es imposible salirnos de nuestro ángulo visual. […] El mundo se ha vuelto por segunda vez infinito para nosotros, ya que no podemos refutar la posibilidad de que sea susceptible de interpretaciones infinitas (La gaya ciencia, n. 374).

lunes, 20 de abril de 2020

LA ENFERMEDAD DE OCCIDENTE: EL NIHILISMO


1.   La enfermedad de occidente: el nihilismo.

Esta crítica a occidente muestra siempre las mismas constantes:
-     Un mismo método. El análisis psicológico, consistente en denunciar los «instintos» que animan las diversas manifestaciones culturales. Nietzsche desarrolla aquí un particular olfato para quitar la «máscara» a todo lo que considera «decadente». «Mi genio está en mi nariz», afirma Nietzsche. Cuando el método psicológico se desarrolla en todas sus posibilidades se convierte en genealogía de los valores, empleado en La genealogía de la moral, obra en la que Nietzsche intenta dilucidar «las condiciones y circunstancias en que aquéllos [los valores morales] surgieron, en las que se desarrollaron y modificaron (la moral como consecuencia, como síntoma, como máscara, como tartufería, como enfermedad, como malentendido…)» (ob. cit., Alianza, p. 23).
-     Un mismo diagnóstico. Todo procede de un instinto único, la voluntad de la nada, el odio –o el temor– a la vida. En consecuencia, la cultura occidental está sumida en el nihilismo, en su propia autodestrucción.
-     Un mismo enemigo. La crítica de Nietzsche se dirige a todos los aspectos de la cultura occidental: la ciencia, el arte, la religión, la filosofía, la moral, etc. Pero todo ello se resume en una sola palabra: cristianismo. Así pues, Nietzsche no ataca tanto el cristianismo en sí mismo, como toda la cultura occidental en su conjunto.
Veamos ahora en qué consiste esta crítica.

«Lo que cuento es la historia de los dos próximos siglos. Lo que sucederá, que no podrá suceder de otra manera: la llegada del nihilismo» (Voluntad de poder, Pról., 2; Schlechta, III, p. 634). Pero Nietzsche emplea el término «nihilismo» al menos en un doble sentido:

«Nihilismo. Posee una doble significación:
A) Nihilismo como signo del creciente poder (Macht) del espíritu: el nihilismo activo.
B) Nihilismo como decadencia y retroceso del poder del espíritu: el nihilismo pasivo» (op. cit, 22; Sch., p. 557).

El nihilismo se define, pues, en función de la voluntad de poder. Cuando esa voluntad -que es la esencia misma de la vida– disminuye o se agota, da lugar al nihilismo pasivo. El diagnóstico de Nietzsche es que este tipo de nihilismo está a punto de llegar, En efecto: todos los valores creados por la cultura occidental son falsos valores, son la negación misma de la vida, y proceden, en el fondo, de una «voluntad de la nada»: «Nihilismo como consecuencia de la interpretación que se ha hecho hasta ahora del valor de la existencia» (1; p. 493). Cuando esos valores se derrumben –y se derrumbarán, porque son ilusorios- llegará necesariamente el nihilismo: «¿Qué significa el nihilismo? Que los valores supremos pierden validez» (2; p. 557). Por tanto, la civilización occidental se quedará sin los valores que ha poseído hasta ahora: del «Dios es la verdad» se pasará a decir que «todo es falso», se perderá el «sentido de la existencia», toda meta, todo «para qué»... Tal estado no ha llegado todavía, pero se anuncia en el pesimismo, en la «decadencia» y en el agotamiento generales. Cuando aparezca, será el tiempo de «el último hombre».
Contra este nihilismo pasivo quiere reaccionar Nietzsche con el nihilismo activo. Por un lado, es una «potencia violenta de destrucción», que procede de un creciente poder del espíritu para el que los valores hasta el momento vigentes ya no pueden tener vigencia alguna (23; p. 557). Es un nihilismo «activo» porque, en este caso, los valores no se derrumban por sí solos, sino que son destruidos directamente por la «voluntad de poder» (que dice «no» a esos valores). Por otro lado, es la condición para que, a continuación, la voluntad de poder cree valores nuevos (con lo cual se manifiesta el «Sí» del superhombre a la vida). Toda la crítica de Nietzsche a la cultura occidental es manifestación de este nihilismo activo que intenta adelantarse al nihilismo pasivo y crear una civilización nueva antes de que se derrumbe definitivamente la antigua.

EJERCICIOS (Tarea 2).

4. ¿Por qué Dioniso y Apolo se encuentran enfrentados?
5. ¿Cuál es el "descubrimiento" del joven Nietzsche?
6. ¿A qué dos grandes ámbitos se dirige la crítica de Nietzsche a la cultura occidental?
7. ¿Qué diferencia hay entre "nihilismo activo" y "nihilismo pasivo"?


jueves, 16 de abril de 2020

PRIMERA PARTE: CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL


PARTE PRIMERA
CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL


El filósofo “a martillazos”.


CÉSAR BORGIA
Tal y como vamos viendo, el pensamiento de Nietzsche puede entenderse en sus inicios como una propuesta vitalista: insiste en el valor incomparable que tiene la vida del individuo (cuyo símbolo representa Dioniso y más tarde Zaratustra).  Para Nietzsche lo que realmente importa es que seamos capaces de experimentar una vida plena e intensa. Esto es justamente lo que valoraban los antiguos griegos cuando admiraban a quienes eran capaces de afirmar sus valores vitales.  En la Ilíada Homero alaba a los héroes que destacan por su vigor su fuerza su belleza y su pasión. Estas son las cualidades que hicieron de Aquiles un ejemplo de hombre superior y un modelo para todos los griegos.  Estos también son los rasgos que caracterizan a figuras históricas como Napoleón, Alejandro Magno o César Borgia, figuras por las que Nietzsche sentía una gran admiración. Todos ellos tuvieron una vida intensa y plena, llena de desafíos y de emociones, completamente alejada de todo lo que fuera mediocre o vulgar.  Sin embargo, estos grandes personajes también tuvieron que enfrentarse a dificultades y obstáculos dado que la sociedad no estaba dispuesta a aceptar su peculiar forma de vivir. De hecho, según Nietzsche la mayor parte de la gente no se atreve a comprometerse con la energía y la intriga que hacen falta para afirmar plenamente el valor de la vida y decir sí a vivir conforme ésta exige.  Y esto es lo que critica Nietzsche de toda la cultura occidental tras Sócrates.


A lo largo de la historia ha habido muy pocos momentos en que los valores vitales hayan sido realmente apreciados. Uno de sus momentos escuela antigüedad clásica griega y otro se correspondió con la época del renacimiento. Pero, Nietzsche sostenía que nuestra cultura occidental rechazaba el valor de la vida poniendo por delante de ella y otros valores diferentes. Por eso para afirmar con rotundidad el vitalismo, es preciso revisar críticamente toda la cultura occidental ya que en ella la vida ha sido menospreciada durante siglos. Para comprender el combate de Nietzsche contra la cultura occidental conviene distinguir los distintos ámbitos a los que se dirigieron sus críticas: a la Filosofía y a la Moral judeocristiana.
En primer lugar, Nietzsche rechaza el modo en que la tradición europea ha interpretado el conocimiento. Esta crítica a la Filosofía y, más concretamente, a la gnoseología, está íntimamente unida al ataque nietzscheano contra la metafísica occidental (cuyo primer y máximo exponente es Platón), forma de pensamiento descarriada que lleva siglos recorriendo caminos equivocados.

La crítica nietzscheana se extiende, en segundo lugar, al ámbito de la religión y muy especialmente al cristianismo al que considera culpable de los peores extravíos. Denuncia con dureza a la moral que ha prevalecido en occidente a la que considera inaceptable y gravemente perjudicial por el modo en que ha condenado y ha rechazado la vida. Hemos de derribar los pilares de la cultura occidental. Esta es la propuesta destructiva y violenta de Nietzsche. Se conoce como “La filosofía del Martillo” o el filósofo a martillazos… La cultura occidental nació ya podrida y ha ido corrompiéndose cada vez más a lo largo de los siglos. El nombre de la enfermedad es “nihilismo” (pero, ¡cuidado! Hay dos tipos de nihilismo).







miércoles, 15 de abril de 2020

DIONISO Y APOLO

El descubrimiento del joven Nietzsche: Dionisos contra Apolo.


Nietzsche parte de una intuición personal. Se da cuenta de algo. Sus estudios iniciales como filólogo le hacen ver que en la Grecia clásica hay algo muy interesante y desconcertante. Se da cuenta de que en la Grecia clásica hay algo así como dos grandes corrientes vitales entremezcladas. Y eso lo ve sobre todo en algo concreto: en el género literario que es la Tragedia. Seguro que recuerdas alguna obra de teatro de este tipo. Pues bien, Nietzsche, al analizar como filólogo de dónde viene este género literario, se da cuenta de que  la tragedia griega se originó gracias a la fusión de dos elementos contrapuestos del espíritu griego: lo dionisíaco y lo apolíneo. 







Dioniso (o Dionisio o Diónisos) era el dios griego del vino, la embriaguez y la vegetación. Su culto procedía de Tracia, y se introdujo en Grecia en fecha relativamente tardía, pero se extendió muy rápidamente, sobre todo en el Ática (s. V-IV), y más tarde en Italia (s. II a.C.). Dioniso Recibía numerosos sobrenombres: Baco, Ditirambos, Zagreo..., y se pensaba que habitaba en lo alto de las montañas. Los cultos dionisíacos consistían en orgías místicas, que permitían la unión con el dios por medio del «furor báquico»; en el Ática se organizaban en primavera fiestas del vino, concursos de poesía ditirámbica y representaciones teatrales (cfr. Eurípides, Las bacantes).



                     Bouguereau, La juventud de Baco, 1884)


Pero, por otro lado, ten7emos a Apolo, dios del Olimpo, dios del sol, la luz y la claridad; su santuario principal se encontraba en Delfos. Inspirándose en El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer, Nietzsche establece la siguiente contraposición entre los dos dioses:

Dioniso:

Noche, oscuridad,
voluntad irracional,
cosa-en-sí,
el Uno primordial, impersonal,
embriaguez,
dolor cósmico,
Música, danza,
coro (pueblo).


Apolo:

Día, luminosidad,
razón,
apariencia-fenómeno,
«principio de individuación»,
ensueño,
alegría solar.
Palabra,
personajes (aristócratas)


Según Nietzsche, «la tradición antigua nos dice resueltamente que la tragedia griega surgió del coro trágico, y que en su origen era «únicamente coro y nada más que coro». Sin embargo, en la tragedia clásica se añade el elemento apolíneo: «Hemos de concebir la tragedia griega como un coro dionisíaco que una y otra vez se descarga en un mundo apolíneo de imágenes». Pero lo esencial sigue siendo el fondo dionisíaco de la tragedia.

«En el fondo, y pese a toda mudanza de las apariencias, la vida es indestructiblemente poderosa y placentera, y esto aparece como corpórea evidencia, como coro de sátiros, como coro de seres naturales que, por decirlo así, viven inextinguiblemente por detrás de toda civilización, y que a pesar de todo el cambio de las generaciones y de la historia de los pueblos, permanecen eternamente los mismos» (El nacimiento, 7).

Así pues, en la tragedia el héroe único es Dioniso, aunque «oculto tras la máscara de las figuras de la escena». Pero la tragedia griega pereció desde el momento en que el gran escritor clásico de obras de teatro trágicas, Eurípides († 406), trivializó los personajes y quitó importancia al coro: con él, según Nietzsche, desapareció lamentablemente el elemento dionisíaco. Pero también desapareció Apolo: el único «dios» que queda es Sócrates. «En Sócrates reconocemos el adversario de Dioniso». Sócrates es el gran corruptor: con él triunfa el «hombre teórico» sobre el «hombre trágico»; con él, el diálogo platónico substituye a la tragedia griega; con él, el saber se convierte en medicina universal, y el error es el supremo mal.
Nietzsche afirma que existe una «lucha eterna entre la consideración teórica y la consideración trágica del mundo». Pero, de nuevo y afortunadamente, gracias a la filosofía alemana (Schopenhauer) y la música alemana (Wagner) vuelve a triunfar lo trágico-dionisíaco. A pesar de su posterior alejamiento de Schopenhauer, y de su ruptura con Wagner, Nietzsche no abandonará nunca su aceptación de Dioniso. (¿De qué parte estás tú? ¿Eres hijo de Dioniso o de Apolo? Piénsalo.


DIONISO VS APOLO


(¡Cuidado! En el vídeo pronuncian mal el nombre de Nietzsche. La "e" final se pronuncia... Sonaría /Niiche/)






INFLUENCIAS: SCHOPENHAUER Y WAGNER


¿Qué tipo de pensador fue Nietzsche? Nietzsche no es un autor sistemático; emplea habitualmente el aforismo y el poema; su estilo es fascinante. Sus obras parecen escritas «para todos». Pero la ausencia de un vocabulario técnico y bien definido crea graves dificultades de comprensión. Los términos fundamentales —voluntad de poder, nihilismo, superhombre, etc.— escapan a toda definición, estallan en significados contrapuestos. No hay razonamientos o deducciones, sino intuiciones como relámpagos. No evita el contradecirse. Y, además, es violento y agresivo. Lo más fácil es entenderle mal. Veamos qué nos propone Nietzsche como punto de partida. Comencemos.


PARTE INTRODUCTORIA

El joven Nietzsche y sus dos grandes influencias: el filósofo Arthur  Schopenhauer y el compositor R. Wagner.

A. Schopemhauer
Schopenhauer, el pensador que más influyó en Nietzsche, creía que el núcleo fundamental de la realidad no es sino una fuerza primigenia e irracional a la que él identificaba como la voluntad. Este concepto lo adoptará Nietzsche y estará a la base de su vitalismo.                                                                                                        La primacía de la voluntad puede apreciarse con claridad en que en los seres humanos, en los animales y, en general, en todos los seres, vivos e inertes, parece haber una especie de deseo primario de sobrevivir y perpetuarse. Incluso en los seres inanimados, en los astros y en el conjunto del universo, puede apreciarse la fuerza impulsora de una voluntad cósmica que hace que la realidad tienda a perpetuarse. En el caso concreto de los seres humanos este impulso vital se manifiesta en forma de deseos concretos que continuamente tratamos de alcanzar. Estos anhelos y deseos crean en nosotros un sentimiento de inquietud y desasosiego que nos empuja a perseguir lo que deseamos y que es la raíz del egoísmo y de la maldad. Sin embargo, esta inquietud no desaparece cuando logramos nuestras metas puesto que una vez alcanzados en nuestros objetivos pasamos a sentir nuevos y apremiantes deseos. Así los seres humanos vivimos en un perpetuo estado de insatisfacción e infelicidad (pesimismo), puesto que la voluntad inevitablemente nos empuja a desear aquello que no tenemos en un ciclo interminable que no resulta nada fácil de romper. Por eso el sufrimiento es una dimensión inevitable de la realidad humana. Nada podemos hacer, como mucho podemos intentar mitigar este dolor mediante dos caminos distintos: el primero, entregarnos a la parte donde la contemplación desinteresada de la belleza nos permita escapar momentáneamente de la esclavitud a la que nos somete la voluntad (nuestros deseos); el segundo, practicar el ascetismo y la renuncia hasta llegar a extinguir la voluntad en nuestro interior. Esta concepción filosófica de la realidad y del ser humano está a la base del pensamiento de nuestro autor.


R. Wagner
El famoso compositor alemán R. Wagner jugó también un papel muy relevante en la formación del pensamiento de Nietzsche. Wagner quiso desarrollar un género operístico especialmente alemán que unía sobre el escenario la música, la poesía y las artes visuales. Esta obra de arte total aspiraba a abrir las puertas a la música del futuro y a reflejar las singulares características del espíritu alemán.  Para lograr este objetivo Wagner recurrió a la mitología y a las leyendas germánicas que empleó como tema de sus óperas. Sin embargo, lo que al principio pareció a Nietzsche algo prometedor, se convirtió más tarde en todo un desengaño filosófico.


Ejercicios:

1. ¿Cómo se manifiesta concretamente en el hombre el impulso vital, según Schopenhauer?


2.  ¿Por qué es Schopenhauer pesimista?


3. ¿Cuáles son los temas fundamentales, que tanto impresionaron a Nietzsche, en las obras de Wagner?


VIDA DE NIETZSCHE



NIETZSCHE




El pensamiento de Nietzsche ocupa un puesto único de especial importancia en la historia de la Filosofía. Su obra es una crítica demoledora a la cultura occidental y, al mismo tiempo, una propuesta muy interesante y novedosa. Su denominado “vitalismo” se constituirá en uno de los referentes filosóficos fundamentales del siglo XX.




Vida y obra

     Federico Guillermo Nietzsche (1844-1900) nace en Röcken, cerca de Leipzig (Prusia), de ascendencia polaca (su padre) y alemana (su madre). Recibe su formación humanística en una de las más famosas escuelas, la de Pforta, en Turingia.



Pronto se aficiona a la música. Ya desde muy joven comienzan las enfermedades (dolores de cabeza). En 1864 inicia los estudios de filología clásica en Bonn, y al año siguiente continúa en Leipzig, donde descubre la filosofía de Schopenhauer, que le entusiasma. En 1868 conoce a Wagner: su música le apasiona. En 1869 es nombrado catedrático extraordinario de filología clásica de la Universidad de Basilea, aunque lo que ya le interesa realmente es la Filosofía. En esta época se afianza su amistad con Wagner, que por entonces era todavía un espíritu rebelde y revolucionario, seguidor de Schopenhauer en Filosofía. También de entonces data su amistad con el teólogo radical F. Overbeck y con Paul Rée. En 1872 publica El nacimiento de la tragedia. En 1878 rompe su amistad con Wagner, y al año siguiente las enfermedades le obligan a abandonar su cátedra de Basilea. Tiene treinta y cinco años, y comienza una vida errante, viajando siempre, especialmente hacia el Mediterráneo y los Alpes suizos, atormentado por dolores de cabeza, de ojos, y vómitos. En 1881, en la Alta Engadina (Suiza), a orillas de un lago, recibe la inspiración del «eterno retorno», la idea central de Así habló Zaratustra. En 1882 conoce a Lou Andreas Salomé, que rechazará su petición de matrimonio, pero que le inspirará un nuevo deseo de vivir.


(Fragmento del film Cuando Nietzsche lloró, 2007)


En 1889 sobreviene la catástrofe: sufre un colapso en una plaza de Turín y debe ser internado en una clínica psiquiátrica. Diagnóstico: parálisis progresiva. A partir de entonces, perdida definitivamente la razón, queda al cuidado de su madre y de su hermana, y muere en 1900. La primera edición de las Obras completas aparece entre 1901-1913. Sin embargo, la hermana de Nietzsche falsificó numerosos pasajes, especialmente de las cartas. A partir de 1954, y gracias a K. Schlechta, se inicia la revisión crítica de las obras de Nietzsche.