a)
Moral de señores vs moral de esclavos.
Si en su crítica a la Filosofía occidental Nietzsche no salva
prácticamente nada, en su crítica al segundo gran pilar de Occidente Nietzsche
se muestra despiadado. En su crítica a la moral cristiana no hay en realidad
nada nuevo que no hubiera ya en la crítica a la Filosofía occidental. El
cristianismo, dice Nietzsche, no es sino «platonismo para el pueblo», y
adolece, por tanto, de sus mismos defectos.
En La genealogía de la moral (1887) aborda
Nietzsche la crítica de la moral vigente a partir del estudio del origen de los
prejuicios morales. Para ello, emplea el método genealógico, consistente en una
investigación etimológica e histórica de la «evolución de los conceptos
morales» (hay que recordar que Nietzsche era filólogo). La obra se divide en
tres tratados. El primero Bueno y malvado, bueno y malo es el más
interesante y el único que se expondrá aquí.
Nietzsche afirma que su investigación filológica en
diversas lenguas le condujo al siguiente resultado: en todas las lenguas
«bueno» (gut) significó primitivamente «lo noble y aristocrático», contrapuesto
a «malo» (schlecht) en el sentido —no moral— de «simple, vulgar, plebeyo».
Estas dos denominaciones «bueno-malo» fueron creadas, pues, por los nobles y
poderosos, en la medida en que eran ellos los que tenían el poder de darse y
dar nombres.
«En todas
partes, "noble", "aristocrático" en el sentido estamental,
es el concepto básico a partir del cual se desarrolló luego, por necesidad “bueno"
en el sentido de "anímicamente noble", de "aristocrático",
de "anímicamente de índole elevada", "anímicamente privilegiado":
un desarrollo que marcha siempre paralelo a aquel otro que hace que “vulgar”, “plebeyo",
"bajo", acaben por pasar al concepto "malo". El más
elocuente ejemplo de esto último es la misma palabra alemana "malo"
(schlecht), en sí es idéntica a simple (schlicht). En su origen designaba al
hombre simple, vulgar, sin que al hacerlo, lanzase aun una recelosa mirada de
soslayo, sino sencillamente en contraposición al noble. Aproximadamente hacia
la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), es decir, bastante tarde, tal sentido
se desplaza hacia el hoy usual (Genealogía. 1, 4)
Sin
embargo, más tarde surge otra contraposición: la de «bueno» (gut) y «malvado (böse),
ya de carácter moral. Esta nueva contraposición se enfrenta a la anterior y la
desplaza. El origen histórico (ya no etimológico) de tal desplazamiento es,
según Nietzsche, el siguiente: los que eran considerados malos —en el sentido
de «bajos», «plebeyos»— se rebelan, se llaman a sí mismos buenos, y denominan a
los «nobles» como «malvados» (böse). Esta transmutación fue realizada por los
judíos y continuada por los cristianos. Es decir, los nobles pasan ahora a ser
malvados, y los «buenos» son ahora los que antes eran denominados por los
nobles como «malos» (plebeyos):
«Han sido los judíos los que con una consecuencia
lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática
de valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han
mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa
inversión, a saber: "los miserables” son los buenos; los pobres, los
impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes,
los enfermos; los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos
de Dios; únicamente para ellos existe bienaventuranza.
En cambio, vosotros…, vosotros, los nobles y violentos, vosotros sois, por toda
la eternidad los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los
ateos, y vosotros seréis también eternamente los desventurados, los malditos y
los condenados» (Ibid, I, 7).
Así pues, la moral surge como resultado de la
rebelión de los esclavos y es producto de una actitud reactiva, del
resentimiento. El resentimiento creó los valores morales de Occidente y es el
responsable de la aparición de una civilización enemiga de la vida y de un
hombre incurablemente mediocre. En resumen, es el causante del nihilismo que
amenaza a Occidente. Sin embargo, Nietzsche se atreve a esperar que si la lucha
entre los conceptos «bueno-malo- y «bueno-malvado» se ha resuelto hasta ahora
con la victoria del segundo par, llegará el día en que se pueda vivir más allá
del bien y del mal… y, entonces, lo malvado (bóse) recobre la primitiva
inocencia, y aparezca el Superhombre, un nuevo hombre moral superior.
Pero antes es necesaria una “inversión de todos los
valores”
b) La inversión de los valores (Umwertung der
Werte).
La Humanidad ha valorado todo lo que se opone a la
vida. La moral vigente procede de un espíritu enfermo y decadente. Hay, pues,
que invertir los valores, valorar y afirmar de nuevo la vida, «Transvaloración
de todos los valores, ésta es mi fórmula». Sólo en este sentido Nietzsche se
llama a sí mismo «inmoralista», y afirma que hay que recuperar la inocencia
primitiva y estar «más alla del bien y del mal»:
«En el fondo,
dos son las negaciones que encierra en sí mi palabra “inmoralista”. Yo niego,
en primer lugar, un tipo de hombre considerado hasta ahora como el tipo
supremo, los buenos, los benévolos, los benéficos; yo niego, por otro lado, una
especie de moral que ha alcanzado vigencia y dominio de moral en sí, la moral
de la décadence, hablando de manera más tangible, la moral cristiana. Pero
negar y aniquilar son condiciones del decir sí» (Ecce Homo, p. 126).
Cada vez son más las personas que han
comprendido la enorme mentira del cristianismo y también son cada vez más
numerosos quienes desean liberarse de él para poder desarrollar una nueva forma
de vida, más libre y más plena. Nietzsche expresó esta convicción con una frase
que se ha hecho célebre: «Lo que ha sucedido es que Dios ha muerto porque
los seres humanos lo hemos matado».
La muerte de Dios tiene profundas
repercusiones. Tras la desaparición de Dios se abre una época nihilista con una
dimensión negativa de confusión desorientación y otra dimensión positiva que
permite el comienzo de una etapa diferente basada en valores en nuevos.
Nietzsche señala como condición para la aparición del superhombre la
muerte de Dios. Dios ha muerto (hagamos que viva el superhombre). Para Nietzsche
la desaparición de Dios es necesaria, en la medida en que para él —Dios—
representa la antinomia de la vida, y la negación de la inocencia del hombre.
«En el concepto "Dios”, inventado como concepto antitético de la vida, en
ese concepto se encuentra concentrado en horrorosa unidad todo lo nocivo,
envenenador, difamador y la entera hostilidad a muerte contra la vida» (Ecce
Homo, p. 131). De este modo, la «muerte de Dios», la destrucción del
«cristianismo» —entendido como concentración de toda la cultura decadente— es
la condición negativa de la aparición del superhombre, concepto clave en la
propuesta nietzscheana.
EJERCICIOS:
8. Explica el origen de los conceptos filosóficos, según Nietzsche.
9. ¿Qué es el "perspectivismo" nietzscheano?
10. Según Nietzsche, "la moral surge como rebelión de los esclavos". Explícalo.
11.¿En qué consiste la "transvaloración" de todos los valores, propuesta por Nietzsche?
12. Explica la frase: "Dios ha muerto".