VITALISMO: EL MENSAJE DE ZARATUSTRA
Así habló
Zaratustra es la obra fundamental de Nietzsche. En ella se contiene lo esencial
de su mensaje. Nietzsche sustituye a Dioniso por Zaratustra, un nuevo y más
poderoso símbolo. Pero, ¿quién fue Zaratustra?
Zaratustra —o
Zoroastro, para los griegos– vivió entre los años 700-630 (o 600). Fue una
especie de profeta persa oriental que a los treinta años recibió su primera
revelación religiosa. Su doctrina se encuentra recogida en diecisiete cantos
que forman la parte más antigua del Avesta. La parte esencial del mensaje de
Zaratustra es un monoteísmo que contiene un dualismo: la lucha entre los dos “Manyu”,
o «espíritus», el del bien y el del mal.
Nietzsche escoge la figura de Zaratustra, ya que ve
en él al posible «creador de la nueva moral», invirtiendo su significación
histórica, lo que le convierte en aquel que supera la moral (antigua, vieja,
judeocristiana), en el que va «más allá del bien y del mal». Sin embargo, en su
afirmación de la vida y de la voluntad de vivir, en su decir «sí» al mundo,
Zaratustra representa lo mismo que Dioniso. Su gran enemigo es también
Sócrates, Platón y todo lo que ellos representan. Sólo que ahora Nietzsche
representa a ese enemigo en la civilización «cristiana». Dioniso contra Sócrates;
Zaratustra contra el «cristianismo».
Así habló
Zaratustra se divide en un prólogo y cuatro partes (compuestas en poemas sin
enlace aparente). El prólogo presenta la antítesis del superhombre y el «último
hombre». La primera parte desarrolla el tema del superhombre y la «muerte de
Dios». La segunda se centra en la «voluntad del poder-. La tercera —núcleo
fundamental de la obra— expone la idea clave del «eterno retorno-. La cuarta
parte, centrada en el capítulo sobre los «hombres superiores», no añade casi
nada nuevo. En conjunto, la obra, llena de alegorías y escrita con un estilo
que la convierte en una joya de la literatura alemana, es de difícil
interpretación. Las alusiones a la Biblia —que es la gran antítesis del
Zaratustra— son continuas.
1. El concepto fundamental: la Voluntad de Poder (Wille
zur Macht).
El Nietzsche siempre enfermo nos confiesa que
intentó sanarse a sí mismo y que «así descubrí de nuevo la vida […] y convertí
mi voluntad de salud, de vida, en mi filosofía» (Ecce Homo, p. 24). El mundo,
el hombre, la vida son voluntad de poder. Pero ¿qué significa esta
expresión? Nietzsche no la define claramente en ningún sitio (nunca lo hace),
pero se refiere a ella con mucha frecuencia. En primer lugar, no es la
«voluntad» de los psicólogos (una voluntad abstracta e indiferente). Ni tampoco
coincide con la «voluntad» de Schopenhauer. Tampoco es la «voluntad de verdad»
del hombre teórico (simple reflejo pasivo del mundo); o la voluntad que busca
el placer y evita el dolor (el dolor no es algo negativo, según Nietzsche:
actúa como estimulante de la voluntad). Ni siquiera es, simplemente, una
«voluntad de vida».
Al contrario, la vida es voluntad de poder, y esta última es la voluntad de ser más, vivir más, superarse, demostrar una fuerza siempre creciente, en una palabra, es voluntad de crear: «Soy aquel —dice Zaratustra— que es impelido a superarse a sí mismo constantemente». Y, más que una «facultad» del hombre, es todo el conjunto de fuerzas y pulsiones que se dirigen «hacia» (zur) el «poder» (tal y como se ha definido). No es correcta, pues, una definición estrictamente «biologista» de esta voluntad (Nietzsche critica a Darwin), ni menos todavía una interpretación política o racista. El texto del Zaratustra que mejor expresa lo que es la voluntad de poder se titula De la superación de sí mismo:
Al contrario, la vida es voluntad de poder, y esta última es la voluntad de ser más, vivir más, superarse, demostrar una fuerza siempre creciente, en una palabra, es voluntad de crear: «Soy aquel —dice Zaratustra— que es impelido a superarse a sí mismo constantemente». Y, más que una «facultad» del hombre, es todo el conjunto de fuerzas y pulsiones que se dirigen «hacia» (zur) el «poder» (tal y como se ha definido). No es correcta, pues, una definición estrictamente «biologista» de esta voluntad (Nietzsche critica a Darwin), ni menos todavía una interpretación política o racista. El texto del Zaratustra que mejor expresa lo que es la voluntad de poder se titula De la superación de sí mismo:
«En todos los
lugares donde encontré seres vivos, encontré voluntad de poder; e incluso en la
voluntad del que sirve encontré voluntad de ser señor. [...] Y este misterio me
ha confiado la vida misma. Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse
siempre a sí mismo. En verdad, vosotros llamáis a esto voluntad de engendrar o
instinto de finalidad, de algo más alto, más lejano, más vario: pero todo esto
es una única cosa y un único misterio. En verdad, yo os digo: ”¡Un bien y un
mal que fuesen imperecederos no existen!”. Por sí mismos deben una y otra vez
superarse a sí mismos. Y quien tiene que ser un creador en el bien y en el mal:
en verdad ése tiene que ser antes un aniquilador y quebrantar valores. Por eso
el mal sumo forma parte de la bondad suma: mas ésta es la bondad creadora. ¡Hay
muchas cosas que construir todavía! Así habló Zaratustra». (Así habló
Zaratustra, II, Alianza, pp. 169 y s.).
El preponderante interés de Nietzsche por los
valores morales hace que la voluntad de poder sea, en gran medida, voluntad
creadora de valores (y aniquiladora de los anteriores valores). Pero en los
fragmentos póstumos, esta voluntad posee también una dimensión cósmica:
«¿Queréis saber
qué es para mí "el mundo"? […..] Es un monstruo de fuerza, sin
principio ni fin, una magnitud férrea y fija de fuerzas que ni crece ni
disminuye, y que únicamente se transforma; un juego de fuerzas y un mar de
fuerzas tempestuosas que se agitan y transforman desde toda eternidad y vuelven
eternamente sobre sí mismas en un enorme retorno de los años [...] Este es mi
mundo dionisíaco, que se-crea-eternamente-a-sí-mismo, y que se
destruye-eternamente-a-sí-mismo, sin meta. ¿Queréis un nombre para este mundo?
¿Y una solución para todos sus enigmas? ¿Queréis una luz para todos vosotros,
los desconocidos, los fuertes, los impávidos, los hombres de media-noche? Este
mundo es la voluntad de poder, y nada más que eso. ¡Sed vosotros también esa
voluntad de poder y nada más que eso!» (La voluntad de poder, aforismo 1067; en
la ed. Schlechta, |I, pp. 916-917).
Este texto sintetiza la «cosmología» de Nietzsche,
de tipo vitalista y opuesta, por tanto, a la cosmología mecanicista. Introduce,
además, en el segundo gran tema de su pensamiento: el eterno retorno.
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